
Comentario editorial.
Por Vicente Calderón
Tijuana, 23 de mayo de 2012
Me lo platicó un veterano policía. En Tijuana, en algunos casos
ya no era necesario "ponerle sus cachetadas" a los detenidos.
Basta con pasearlos cerca de las instalaciones militares.
Les advierten; "Si no cooperas, te vamos a llevar con los
soldados".
Me platica el detective que el terror se apodera del sospechoso
y empieza a hablar.
y empieza a hablar.
Los militares en Tijuana se han hecho de mala fama.
A pesar de que en esta ciudad en varias encuestas se refleja que
gozan de un buen nivel de aprobación entre la ciudadanía, muchos ven
en el cuartel el lugar donde se han cometido los más atroces abusos de
A pesar de que en esta ciudad en varias encuestas se refleja que
gozan de un buen nivel de aprobación entre la ciudadanía, muchos ven
en el cuartel el lugar donde se han cometido los más atroces abusos de
autoridad.
Organismos de derechos humanos han documentado incluso,
técnicas recurrentes en las instalaciones militares para que los
detenidos confiesen.
Todas estas torturas se han cometido en nombre de la ley.
Y muchas de ellas, enarbolando la depuración
policiaca.
"Se trata de policías corruptos o de "puros" delincuentes" dicen
los que realizan, promueven o toleran esta práctica.
Y la sociedad bajacaliforniana lo acepta, porque en realidad, el
uso de la fuerza bruta contra las organizaciones criminales y
los policías que se corrompieron con ellas, ha dado resultados.
El ejército ha sido clave para bajar el nivel de impunidad de
las bandas del narcotráfico.
Pero eso no implica que esté bien. El principal argumento
de quienes toleran la tortura es que los delincuentes, hacen
cosas peores: decapitan, matan niños y secuestran y torturan
a sus victimas y sus familias.
Desafortunadamente eso es verdad. Pero no se debe permitir
que las autoridades, los responsables de protegernos y hacer
cumplir la ley se rebajen a prácticas de criminales.
Además, cuando se permite torturar bajo el argumento
de que son culpables, no faltará algún inocente que termine
literalmente, atormentado, para que confiese que trabaja con
los cárteles.
En los últimos años, en Baja California, como en el resto del país
aumentaron las quejas de tortura y también
aumentaron las quejas de tortura y también
la tolerancia a sus métodos de importantes sectores de nuestra sociedad que
angustiados y desesperados por los terribles niveles de criminalidad
que vivímos, aceptaron esta como la única alternativa.
La semana pasada reportamos dos nuevas quejas de tortura.
Las víctimas policías. Los presuntos responsables, militares y los
jefes de los policías.
Hay que reconocer que aparentemente, el maltrato es menos
severo que los casos anteriores.
Pero es difícil ignorarlos cuando estos proliferaron con Secretarios de
seguridad como Julián Leyzaola, siguieron con Gustavo Huerta y
reaparecen con Alberto Capella.
Lo extraño es que dén la cara para denunciarlo.
Generalmente se habla de esto en voz baja y ya hay
seguridad como Julián Leyzaola, siguieron con Gustavo Huerta y
reaparecen con Alberto Capella.
Lo extraño es que dén la cara para denunciarlo.
Generalmente se habla de esto en voz baja y ya hay
muchos policías, de diversas corporaciones que deciden no
quejarse.
Ignorar esto no ayuda en nada. Un autoridad que tortura solo
demuestra falta de capacidad e inteligencia.
Hasta el mismo Alberto Capella, lo ha declarado;
"No tiene ciencia" dijo cuando asumió la Secretaría y en una
clara alusión al teniente Coronel que lo había sustituido en
su primer término como secretario de seguridad.
Es necesario parar la tortura en Baja California.
No se justifica que se haya usado para enfrentar a la delincuencia.
Pero aunque la amenaza de los cárteles continúa las corporaciones
deben optar por una mayor profesionalización y no por los golpes.
Tolerarla es antidemocrático y muy peligroso para todos.
Comentarios (0)
Powered by !JoomlaComment 4.0 beta1



